Confiar sin comprender
El problema de una superinteligencia no es que sea más inteligente que nosotros. Es que sus razones podrían ser verdaderas y, aun así, estar fuera de nuestro alcance.
El problema de una superinteligencia no es que sea más inteligente que nosotros. Es que sus razones podrían ser verdaderas y, aun así, estar fuera de nuestro alcance.
Aristóteles ya distinguía la capacidad de alcanzar una meta de la de saber qué meta vale la pena. Nuestras máquinas destacan en la primera. La segunda sigue siendo cosa nuestra.
Pedimos a las máquinas que demuestren que son conscientes. Demos la vuelta a la pregunta: ¿sabríamos demostrar que lo somos nosotros?
Si las máquinas nos superan en casi todo lo que produce un resultado, quedará aquello cuyo valor está en el propio gesto. Quizá ahí estuvo siempre el sentido.